'El Mariquelo' se queda a mitad de la ascensión a la torre de la Catedral charra
Su debilitada condición física, tras un accidente sufrido en verano, solo le permitió subir a uno de los balcones Ángel Rufino homenajeó a todos aquellos que realizan una «labor social»
F. GÓMEZ/SALAMANCA
Tras diecinueve años, Ángel Rufino de Haro, más conocido como 'El Mariquelo', no pudo completar la tradición de subir cada 31 de octubre a la Torre de las Campanas de la Catedral en acción de gracias por la ausencia de víctimas en el terremoto de Lisboa del año 1755. El acto, sin embargo, se dejó notar con especial intensidad durante seis terribles minutos en Salamanca.
Ayer, Ángel Rufino siguió a medias el rito que se impuso desde que en 1985 se erigiera heredero de la tradición de los mariquelos, limitado por los problemas de salud derivados de un grave accidente ocurrido el pasado verano. 'El Mariquelo' solo subió por la escalera de caracol de la Catedral hasta el llamado 'Balcón de Ieronimus', una mínima parte del recorrido habitual.
A pesar de su debilitada condición física, tras haber sido intervenido quirúrgicamente a corazón abierto, Ángel Rufino no quiso defraudar las expectativas de varios centenares de personas, muchas venidas incluso desde el extranjero, que se congregaron desde las once de la mañana en los alrededores de la Catedral para seguir de cerca el cumplimiento de la tradición.
Desde la terraza de las campanas, 'El Mariquelo' realizó su acostumbrada intervención en acción de gracias por la catástrofe del siglo dieciocho, que se saldó sin víctimas mortales, así como en recuerdo de «las víctimas y los pobres del mundo».
De esta forma, por primera vez en los diecinueve últimos años de la tradición, no sonaron las campanas de la Catedral recordando la ocasión en la que, hace 250 años, todas las campanas de la ciudad repicaron sin que ninguna mano las tañese, simplemente movidas por el temblor de la tierra. Con esa ausencia de sonido, 'El Mariquelo' quiso homenajear «a todos los que realizan en silencio su importante labor social sin esperar nada a cambio».
Solidaridad
Lo que no faltó fue el habitual rezo del Padrenuestro, esta vez especialmente dedicado a las víctimas de las últimas catástrofes naturales de Centroamérica y Pakistán. Asimismo, se procedió a soltar una paloma «por la paz del mundo» en el transcurso de una intervención que Ángel Rufino interrumpió en una ocasión debido a « la emoción», según explicó.
Después, 'El Mariquelo' recordó a los países participantes en la reciente Cumbre Iberoamericana celebrada en Salamanca y pidió que «estrechemos nuestros lazos para que esos países puedan alcanzar su pleno desarrollo». Tras tres 'vivas' a Salamanca, Castilla y León y España, inició el descenso por el interior de la torre.
'El Mariquelo' hizo alusión así un año más el edicto del Cabildo de la Catedral de Salamanca, que establece la obligación de subir cada año a la Torre de las Campanas para tocar en acción de gracias y comprobar el estado de la construcción que, quedó tan dañada tras el temblor, que incluso se llegó a pensar en su demolición.
Posteriormente, el Cabildo se decantó por un sistema de refuerzo de la base de la torre, que adquirió así su característica forma de talud en la base.
El último mariquelo
Para cumplir con esta obligación, la ciudad charra recurrió a los mariquelos, la familia que, con vivienda en el interior de la torre del templo, era la encargada de efectuar los distintos toques de campana a lo largo del año.
El encargo lo cumplió por última vez Fabián Mesonero, el último mariquelo, en 1976. Después, tras nueve años de silencio, Ángel Rufino recuperó la tradición en 1985, llevándola a sus cotas más altas de popularidad.